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Kratos ha vuelto, pero está muy cambiado. El Dios de la Guerra ideado por Sony Interactive Entertainment y Santa Monica Studios viene de la mano de Atreus, un personaje secundario que ayudará con su arco a Kratos, otorgando de mayor profundidad a todo el conjunto. Ahora bien, hay mucho más que todo esto. God of War es un título muy diferente a lo que conocíamos, y el verdadero mérito de sus creadores, aparte de la valentía de proponer tantos cambios; es el de haber conseguido crear una obra tan arrebatadora.

Del Olimpo a Midgard


No es ningún secreto. Ya casi desde la publicación de God of War III allá por 2010 se sabía que el recorrido de Kratos en el Olimpo de los dioses de Grecia llegaba a su fin. Cierto es que luego apareció God of War Ascension, que desde un punto de vista cronológico es anterior, pero si Kratos volvía a aparecer en una nueva aventura, no había duda de que tendría que hacerlo en un nuevo escenarios, y los estudios de Santa Monica se decantaron por otro de los universos mitológicos más ricos que existen, el nórdico.

De esta manera comienza un nuevo camino para Kratos, en Midgard, acompañado de su hijo Atreus, un niño joven, impulsivo, inexperto pero de corazón valiente. Todo comienza con un sentido homenaje hacia un familiar cercano, lo cual deja a esta pareja protagonista sola. Y he de reconocer que la relación entre ellos me ha parecido mucho más especial, humana y sincera de lo que hubiera imaginado. Kratos es un ser que ha pasado por muchas penurias, enfrentándose a toda su estirpe en el Olimpo, y por ello notamos que le cuesta abrirse a Atreus. Como prueba está el hecho de que le llama “chico”… ¡a su propio hijo! Cierto es que luego la relación irá transformándose, y es precisamente esta situación una de la que más interés despertará en el usuario.

Kratos emprenderá un viaje junto a Atreus desde la protección del bosque donde residen para rendir homenaje a un ser querido, pero lo interesante en sí no es la resolución, sino el trayecto. Viviréis algunos momentos memorables como los cuentos que Kratos le narra a su hijo durante los viajes en canoa por el Lago de los Nueve, el entorno abierto que más juego da durante la aventura. No cabe duda de que la incorporación de Atreus no deja de ser un elemento “desestabilizador” para el Dios de la Guerra, que parece mucho más humano, y por tanto errante, al ser esto una característica propia de los humanos y no de los Dioses.

En términos generales vemos que la trama es la más interesante, profunda y cuidada de todos los God of War que ha habido, y de la misma manera también es justo reconocer que hay otros personajes secundarios que ayudan a dotar de mayor riqueza a todo el conjunto narrativo.

Kratos transforma su jugabilidad


Llegamos al punto que puede generar ciertas controversias. Este nuevo God of War ya no es el hack ‘n slash que vivimos en entregas anteriores. Son muchos los elementos básicos que aquí han sufrido transformaciones e incluso me permitiría el lujo de decir “mutilaciones”.

¿A qué me refiero con mutilaciones? Pues al hecho de que ha desaparecido el salto. Sí, Kratos saltará pero este se realizará de forma automática. En otros títulos era habitual realizar combos aéreos, pasar por secuencias de escalada donde bordeábamos cada pequeño recoveco de los edificios derruidos del Olimpo para llegar a donde estaba Zeus (o incluso a la propia Gaia) e incluso había secuencias de plataformeo. Pues bien, en esta nueva entrega no hay ni rastro de ello. Todos los saltos se han automatizado, apareciendo en escena el botón círculo sobreimpresionado para que Kratos haga el salto por su cuenta. Por una parte puede sentirse como una simplificación o la pérdida de identidad, y en parte podría estar de acuerdo.

Otro aspecto modificado es el sistema de combate. Kratos cuenta con un ataque rápido y otro fuerte que en un principio son asignados a los botones R1 y R2, respectivamente. Entiendo esta extraña distribución por el hecho del lanzamiento del Hacha de Leviatán (el arma principal del juego) se pueda lanzar y de esta manera se sienta más cómoda en los gatillos… pero al final pasaremos más tiempo realizando combos que lanzando el hacha, y por ello preferí redistribuir los botones y asignar estos ataques a los más habituales botones Cuadrado y Triángulo.

Lo que puede que no tenga un pase sea la simplificación del sistema de combate. Poniendo como ejemplo a God of War III vemos que teníamos a nuestra disposición muchas armas diferentes, con sus propios combos y con algunas secuencias de ataque variadas. Esto se ha perdido en buena parte en este título, aunque no porque Santa Monica Studios haya decidido “casualizar” o simplificar la fórmula de juego. Más bien se debe al hecho de que han ido por otros derroteros, tomando un camino diferente que, al final, resulta tan gratificante como el que ya conocíamos.

¿En qué consisten entonces las novedades del nuevo sistema de combate? Pues se centran más en las posibilidades de los enemigos. Algunos de ellos resistirán como si nada nuestros ataques con el hacha, siendo débiles ante el combate cuerpo a cuerpo, con los puños desnudos, de Kratos. A su vez, las tácticas de combate abren su abanico gracias a las habilidades que podremos ir desbloqueando, a los ataques rúnicos, a los disparos del arco de Atreus (que nosotros controlamos de manera indirecta, ya que es un personaje de apoyo), etc. Al final lo que cuenta es la experiencia en su conjunto, y pese a que God of War ha perdido parte de su esencia, la nueva fórmula de juego se siente como algo natural, tremendamente adictiva, divertida y emocionante.

Los famosos QTE han desaparecido, pero no por ello la brutalidad del sistema de combate, que ahora incorpora nuevos elementos al HUD que, para algunos, pueden resultar distracciones. Esto lo decimos porque God of War ha virado ligeramente hacia el género RPG con algunos elementos como subidas de nivel, estadísticas de parámetros como ataque, defensa, reutilización de habilidades… Y sí, por ello veremos barras de vida sobre cada enemigo. Sin embargo, todo se vuelve más dinámico cuando vemos que debajo de la barra de vida de cada enemigo también hay otra que nos permitirá noquearlo temporalmente, y dejándolo a nuestra merced para realizar alguna de esas acciones brutales a las que Kratos nos tiene acostumbrados.

Habrá que recoger recursos para mejorar elementos de las armas y armaduras, hay muchísimos coleccionables distribuidos por los escenarios y todo ello aporta profundidad al conjunto. Pero quizá el aspecto que más nos ha sorprendido y que más aporta a la jugabilidad a largo plazo sea la apertura de los entornos. Antes ya he hablado del Lago de los Nueve, un escenario central que se puede recorrer en barca (o activando los diferentes portales de teleportación) que nos llevará por diferentes parajes o zonas secretas. De esta manera podremos revisitar escenarios para hacernos con nuevos coleccionables. Un backtracking muy cuidado y muy bien pensado para alargar la vida del título hasta límites insospechados para esta saga, que vivía hasta este momento en el umbral de las 8-10 horas de duración. En mi caso, he de reconocer que no he llevado la cuenta exacta de las horas que le he dedicado, pero puedo asegurar sin ningún tipo de rubor que he superado las 30 horas y que aún me quedan muchas sorpresas, coleccionables, tesoros y misiones secundarias por realizar.

Y es que sí, God of War ha cogido más elementos de los RPG de los que cabría esperar. Hay armas y armaduras que mejorar, habilidades que comprar y también hay hueco para misiones secundarias, desafíos como matar a cierto número de cada tipo de enemigo e incluso mapas del tesoro donde se nos da una descripción del lugar que luego nosotros tendremos que encontrar.

Apartado Técnico


El apartado gráfico de God of War es impresionante. El nivel de detalle que muestra en todo momento es merecedor de todos los adjetivos grandilocuentes que se os ocurran. A esto hay que sumarle el aspecto que ofrecen todos y cada uno de los personajes que aparecen en escena, bien sea Kratos, Atreus, otros personajes secundarios o los enemigos. Todos ellos además cuentan con un conjunto de animaciones extremadamente cuidadas, con movimientos naturales, coordinados y que se ajustan al sistema de control, en el caso del protagonista, como anillo al dedo.

Pero todo lo que pueda decir aquí del apartado gráfico son pequeñeces comparado con la sensación de escala, inmersión de la imaginación que ofrecen los entornos. Acostumbrados a lo que vimos en God of War 3 Remastered (por citar uno de los últimos lanzamientos de la saga), se observa un nivel de detalle casi enfermizo. La imaginación del estudio a la hora de crear los escenarios es también digno de todos los elogios. Y tras todo esto, por qué no decirlo, nos rendimos al que en su conjunto consideramos desde ya el mejor apartado gráfico de PlayStation 4… o al menos un humilde servidor. Por cierto, como apunte reflejar que lo jugamos en una PlayStation 4 Pro, donde nos sorprendió sobremanera de lo cortos que eran los pocos tiempos de carga que hay.

En materia sonora nos encontramos con una banda sonora que no defrauda, que continúa con la tradición de la saga, incorporando melodías de mucho dramatismo para las situaciones de combates, incorporando coros de muchísima fuerza. Además, también ofrece situaciones de menor intensidad sonora, ofreciendo de esta manera un contraste muy conseguido. Sobre el doblaje decir que todas las voces se han localizado al castellano, contando con algunos de los mejores profesionales del sector, como acostumbra a hacer Sony Interactive Entertainment en todas sus grandes producciones.

Conclusión


Pero al final, guste o no, debemos valorar God of War como experiencia de juego, y en este sentido he de reconocer que se trata del título más completo, profundo, largo e incluso emocionante de toda la saga (en esto último influye mucho la trama y la incorporación de Atreus). Claro que influye el paso del tiempo y es justo reconocer que la jugabilidad de la primera entrega, lanzado allá por 2005, no sería tan atractiva si se publicase un día como hoy. Sin embargo, también entenderé a quienes se rajen las vestiduras al comprobar la ausencia de símbolos de la saga como son los QTE, los saltos o los cambios del sistema de combate. Para ellos, mi consejo es que tengan una mente abierta, que vean más allá del nombre y se dejen llevar por uno de los mejores videojuegos que tenemos actualmente en el catálogo de PlayStation 4.

Técnicamente está dos pasos por delante de casi todo lo que hemos visto en PS4, y verlo en una PS4 Pro ha sido una auténtica gozada. La trama es mucho más madura e interesante de lo que habíamos visto hasta el momento, y eso que la colección de personajes secundarios no es tan carismática como la de entregas anteriores. Ahora bien, no todo es perfecto en God of War, y es que al mismo tiempo que nos rendimos a los pies de todas sus bondades y de la valentía mostrada por el estudio ante los grandes cambios incorporados en la fórmula de juego; también encontramos puntos que, pese a ser muy buenos, podrían haber tenido una vuelta de tuerca más. Ojalá lo veamos en un futuro próximo.

  • Reinvención de la saga que convierten a Kratos en referente.
  • Apartado gráfico de relumbrón. De lo mejor de PS4.
  • La trama adquiere una relevancia capital.
  • Es una aventura adictiva, profunda, emotiva y mucho más larga que anteriores entregas.

 

  • Aun con todas sus bondades, algunos cambios parece que podrían haber estado mejor aprovechados.
  • La disposición original de los botones de ataque no nos ha parecido la más apropiada (pero se puede cambiar y asunto resuelto).

 

9 Nota
Historia9
Jugabilidad9
Gráficos10
Música/Sonido9
Edición Española9.5