Últimamente Avalanche Studios se encuentra muy ajetreada al tener que participar en el desarrollo del prometedor Rage 2 y al trabajar concienzudamente en Generation Zero, su nueva IP, pero siempre tienen un lugar reservado para Just Cause. El súper agente Rico Rodríguez vuelve a la carga con su aventura más ambiciosa hasta la fecha y con más acción y explosiones que nunca, presentándonos un juego divertido en el que se han corregido errores del pasado, pero en el que también se aprecian aspectos mejorables, sobre todo en lo técnico.

Se acerca una gran tormenta


La historia de Just Cause siempre ha servido como mera excusa para acompañar su frenética jugabilidad, no brilla por sí sola pero tampoco es infumable. En esta entrega sí que nos ha costado meternos en la trama al presentarse inicialmente de una forma un tanto caótica, aunque con el paso de las horas fuese cogiendo más ritmo. Rico viaja al país ficticio de Solís (inspirado en diversas regiones de Sudamérica) para descubrir la verdad detrás del asesinato de su padre, Miguel Rodríguez, y ayudar a la resistencia del Ejército del Caos a derrocar al gobernante de la región, Óscar Espinosa, quien para más inri, trabaja codo con codo con la organización “Mano Negra” para desarrollar el misterioso proyecto Illapa. Esta milicia resultará familiar a los que hayan jugado a juegos anteriores de la saga, pero por primera vez se da a conocer a su líder Gabriela Morales, la cual desempeña el papel de antagonista principal de la historia, incluso por delante de Espinosa.

Los más veteranos seguramente noten cambios en el protagonista, y es que el estudio decidió rediseñar su rostro y pulir sus animaciones para convertirlo en un personaje más creíble y carismático, en vez de parecer una especie de Terminator que va de guerra en guerra. Por lo demás, Rico vuelve a presentar sus característicos artilugios para desempeñar las misiones. Están el paracaídas, el traje aéreo y el gancho, pero en este último se ha añadido la posibilidad de configurar diversos parámetros para ajustar la tensión o la velocidad del cable dependiendo del uso que vayamos a darle. Antes era posible utilizar el potenciador y el retractor, pero ahora también se puede emplear un elevador aéreo muy similar al sistema fulton de algunos de los juegos de Metal Gear Solid, permitiendo desplegar globos para levantar cualquier objeto o persona. ¿Que hay un autobús bloqueándote el paso? Pues ponle unos cuantos cachivaches y convierte el problema en una nueva forma de atacar a los enemigos. En Just Cause la imaginación siempre puede echar a volar.

En la saga, los disparos y las explosiones son una seña de identidad a la que ahora debemos sumar aquello que Avalanche Studios denomina “climatología extrema”. Además de los múltiples enemigos que hemos enfrentado también tuvimos que lidiar con la meteorología de Solís, que influye en la fórmula jugable y añade aún más espectacularidad al conjunto. El plato principal de este apartado es la presencia de gigantescos tornados que arrasan todo lo que encuentran por delante, y precisamente al acercarse a ellos es cuando el motor de física brilla por sí sólo al presentar una gran cantidad de elementos que se ven arrastrados en círculos hasta ser arrojados violentamente en cualquier dirección. Por supuesto, nuestro personaje puede ser arrastrado por la corriente de aire y verse atrapado en un ciclo continuo de giros, por lo que hay que saber establecer una distancia de seguridad y estar preparados para usar el gancho en caso de emergencia. Otros fenómenos que se pueden encontrar al explorar el mapa son tormentas eléctricas y de arena o las ventiscas, que reducen nuestra visibilidad y velocidad de movimiento. Visualmente añaden unos grados de espectacularidad notables, no obstante también hay que decir que los tornados se sienten algo desaprovechados en materia jugable, dejando la sensación de que podían haber dado más de sí o tener más peso en las misiones.

Y ya que mencionamos los encargos que debemos afrontar en Solís, nos ha apenado comprobar que el diseño de misiones de esta cuarta entrega está menos inspirado que el de sus predecesores, ofreciendo tareas algo repetitivas en las que escasean ideas originales. Tras jugar durante horas hemos pegado tiros aquí y allá, hackeado consolas y hecho explotar un montón de cosas. ¿Nos hemos aburrido? Pues la verdad es que no, pero falta esa chispa de originalidad que sí que vimos por ejemplo en Just Cause 2.

Para avanzar en la trama y poder acceder a las misiones de la campaña hay que desatar el caos para formar escuadrones (que funcionan como puntos de recompensa) e ir conquistando con ellos las diferentes regiones del mapa. Este sistema nos ha parecido bastante orgánico, proporciona un avance rápido o lento dependiendo de nuestras acciones y nos incita a participar en las misiones secundarias mientras exploramos poco a poco el mapa. Otras tareas disponibles son las de ayudar a entrenar al Ejército del Caos, participar en el rodaje de una película de acción o explorar y desentrañar los misterios del pasado de Solís mediante la búsqueda de ruinas ocultas.

Como ya comentamos antes, Just Cause 4 es un juego divertido en el que la acción frenética es la gran protagonista. El ritmo de las refriegas no decae en ningún momento, siempre que estemos en el punto de mira del enemigo es difícil darles esquinazo y el uso del gancho siempre ha sido ese punto que marca la diferencia con otros títulos similares y que añade un gran dinamismo a la jugabilidad. En lo que respecta a armamento y vehículos la cantidad es enorme y prácticamente hay de todo. Podemos hacernos con armas tan excéntricas como railguns o hasta fusiles que convierten al enemigo en vacas, y conducir coches, autobuses, furgonetas, excavadoras, buques de guerra, helicópteros, dirigibles, aviones de todo tipo… Las posibilidades son enormes.

Luces y sombras


El mapa del título, creado con el motor Apex Engine, es simplemente gigantesco y cuenta con una orografía variada en la que se distinguen cuatro biomas principales y varios subbiomas en cada uno de ellos. Cierto es que nos hemos quedado con las ganas de ver ciudades más grandes, pero una vez te pones a explorar poco más se puede reprochar al trabajo realizado a la hora de diseñar Solís. Los paisajes de la zona pueden llegar a ser muy vistosos en ocasiones, sin embargo nos hemos topado con demasiados desaciertos en materia gráfica que empañan en resultado final.

Al jugar en el modelo básico de PS4 hemos comprobado cómo el rendimiento se mantiene a unos 30 fps bastante estables (con alguna bajada puntual en ciertas zonas de mucho jaleo), mejorando así los problemas que presentaba la tercera entrega. Para conseguir fluidez a veces hay que sacrificar otras cosas, y aquí ha sido el caso, pues la resolución dinámica implementada por Avalanche ha causado que nos encontrásemos con escenarios a 1080p y otros que parecían más cercanos a los 720p emborronando un poco la imagen con la aparición de demasiado grano y con un uso desmedido del motion blur. Pero aquí no terminan los problemas, ya que a lo largo de la partida nos hemos encontrado con otras imperfecciones como sombras que se mueven continuamente de manera irreal, cambios drásticos de iluminación, una IA aliada que nos hizo reiniciar misiones para completar objetivos, dientes de sierra muy notorios y muchas texturas planas o que tardan demasiado en cargar.

Hay un amplio margen de mejora pero también hay varios aspectos técnicos que nos han gustado mucho, como la distancia de dibujado o el motor de física y los efectos de partículas, que logran meternos de lleno en un infierno de balas y explosiones en el que nos sentiremos como si estuviésemos en una película de Hollywood.

En lo que respecta al sonido volvemos a tener puntos positivos y negativos. Por un lado es de agradecer que el juego esté totalmente doblado al castellano, lo cual agiliza el desarrollo de las misiones, pero muchas de las interpretaciones podían haber dado más de sí y se podrían haber añadido más voces y frases de diálogo para los NPC, ya que en cuestión de minutos se puede hace cansino escuchar la misma voz en distintos personajes y repitiendo todo el rato las mismas líneas. Los efectos sonoros son buenos y ayudan a meterse en la acción del momento, aunque lo que más nos llamó la atención fue la música disponible en las emisoras de radio de los vehículos, ofreciendo temas muy variados en estilo que se intercalaban con tertulias amenas y cuñas de lo más originales.

Conclusiones


Just Cause 4 lleva la acción, las balas y las explosiones en un mapa enorme a un nuevo nivel gracias a la implementación de la climatología extrema y mejoras en rendimiento muy demandadas. Pese a que el juego se mantiene en su línea de entretenimiento y espectacularidad a raudales, hay aspectos muy mejorables en el apartado técnico, que esperamos que se resuelvan con el tiempo, y un diseño de misiones inferior a lo que estábamos acostumbrados, pero podemos asegurar que los fans se toparán con más posibilidades jugables que nunca para dar rienda suelta a la imaginación y desatar el caos de muchas maneras posibles.

 

  • Los tornados y demás fenómenos climatológicos añaden más espectacularidad al juego.
  • El trabajo con el motor de física es muy destacable.
  • Continúa siendo un juego divertido y lleno de acción.
  • El mapa es enorme y consta de zonas muy variadas.
  • Está doblado al castellano…

 

  • … pero las interpretaciones se sienten poco naturales.
  • Técnicamente tiene un amplio margen de mejora.
  • El diseño de misiones es inferior con respecto a juegos anteriores.

 

 

7 Nota
Historia6
Jugabilidad7.5
Gráficos7
Música/Sonido7
Edición Española7.5