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Los chicos de Starbreeze Studios, prácticamente desde la creación de la marca, siempre nos han traído una de cal y otra de arena. Tras un par de proyectos que no acabaron de cuajar muy bien, lo cierto es que comenzaron con buen pie lanzando allá por el 2004 el videojuego oficial de Las Crónicas de Riddick, que sorprendió tanto al público como a la prensa especializada por su notable e inesperada calidad. A este desarrollo, durante los años venideros, les seguirían propuestas como The Darkness, Syndicate o Brothers: A Tale of Two Son, que, alzándose como aventuras completas y divertidas, no llegaron a consagrarse como entregas verdaderamente memorables.

Es por ello que quizás para muchos de vosotros el sello de la empresa esté directamente ligado con la franquicia PayDay, y es que, pese a que la franquicia fue originalmente desarrollada por Overkill Software, es Starbreeze quien actualmente cuenta con los derechos de esta saga que tanto se ha popularizado gracias a medios como YouTube.

Y como si de un spin off se tratara, la propuesta que hoy tenemos entre manos, de una forma u otra, comparte muchos de los elementos que hicieron grande a la citada franquicia de atracos. No sorprende, pues ha sido desarrollada por Lion Game Lion, quienes ya habían trabajado con anterioridad en contenidos descargables para PayDay 2. Pero entonces, con todos estos ingredientes encima de la mesa, ¿por qué RAID: World War II se asemeja más a una película mala de los Monty Python que a una experiencia de acción cooperativa en primera persona?

Malditos Bastardos sin la magia de Tarantino


La premisa de la que parte lo nuevo de Lion Game Lion es muy simple, y, al carecer de un modo campaña como tal, se nos narra desde un inicio a través de ciertas secuencias, tanto cinemáticas como in-game, para posteriormente brindarnos una libertad total en cuanto a la selección de misiones y el progreso individual. Nos encontramos en la Segunda Guerra Mundial, y un agente de la inteligencia británica llamado Control (e interpretado por el mítico John Cleese) solicitará nuestra ayuda con tal de desestabilizar las fuerzas del Tercer Reich. Se trata de un trabajo extraoficial, que no será reconocido de ninguna de las formas, pero que a cambio nos permitirá quedarnos con todo el oro que consigamos saquear durante nuestras operaciones.

Además de darle una muy buena excusa argumental, este factor le permite al juego volver a sorprendernos con un sistema de recompensas muy basado en los robos, tanto a nivel individual como en grupo, pues el oro será principal para hacernos con nuevo arsenal y progresar en la trama. No obstante, el concepto del saqueo, sentimos, ha pasado a un segundo plano, perdiendo por el camino el escaso pero interesante factor de estrategia que endulzaba los mejores momentos de The Heist y de su secuela.

Al margen de esto, toda esta historia, que podremos protagonizar metiéndonos en la piel de una de las cuatro clases disponibles, estará dividida en dos tipos de misiones: las Operaciones, más convencionales y rápidas, y las Incursiones, enfocadas al juego en equipo y con varios objetivos secundarios. Durante estas últimas – que no son nada innovadoras, pero sí muy variadas en su desarrollo – contaremos con ciertas etapas de conducción, aunque, por suerte, no serán muchas. Se trata de una mecánica muy atractiva, pero que parece metida con calzador, pues los pocos minutos que estaremos al volante durante estas misiones están muy lejos de poder citarse como una experiencia mínimamente natural o satisfactoria.

 

Por su parte, los cuatro oficios que tendremos a nuestra disposición son Asalto, Reconocimiento, Insurgente y Demolición, aunque para nuestra sorpresa los elementos que las diferencian son más bien pocos. Bien es cierto que cada clase presenta un árbol de habilidades propio lo que resulta en un profundo sistema de progresión. Sin embargo, a la hora de la verdad, la aplicación de estas disciplinas siempre será muy similar, pues en el campo de batalla únicamente se diferencian en su habilidad definitiva, el Grito de Guerra, que, al margen de proporcionarnos según qué propiedades durante un breve periodo de tiempo, en ningún momento serán capaces de darle la vuelta a la partida. Y todo ello, sumado a un gunplay insatisfactorio y poco preciso, que no acaba de responder a los controles todo lo bien que debería.

Otro de los puntos que menos nos han llamado la atención de todo el conjunto es la inteligencia artificial, que, con un comportamiento francamente errático, parece estar mucho menos trabajada de lo que nos gustaría. En este RAID, es difícil encontrarse con una misión en la que los enemigos no estén corriendo de bruces contra una pared, o atravesando puertas cerradas con toda facilidad. La IA aliada, por su parte, tampoco presenta un nivel muy superior, y es que, si bien el título está fuertemente enfocado a disfrutarse de forma cooperativa online, si optamos por jugar solos podremos comprobar cómo nuestros compañeros rara vez acatarán nuestras ordenes o nos ayudarán lo más mínimo a cumplir el recado que se nos ha encomendado.

Apartado Técnico


Tal y como el estudio ya anunció hace meses, RAID: World War II hace gala del notable motor Diesel 2.0 con el que se desarrolló PayDay 2, pero lo cierto es que técnicamente no funciona tan bien, ni por asomo, como la obra de Overkill Software. La propuesta de Lion Game Lion, que sobre el papel se debería de mover a una resolución de 1080p y a una estable tasa de 60 frames por segundo, pega unos tirones de cuidado, además de presentar una enorme cantidad de glitches y bugs que no nos permiten disfrutar de la entrega en óptimas condiciones. Esto se hace especialmente preocupante cuando descubrimos que el juego tampoco luce un apartado gráfico de última generación, contando con modelados muy mediocres y unas texturas dignas de la primera hornada de PS3.

Artísticamente, al menos, el juego tiene identidad, y es que al margen de contar con unos niveles de gore muy por encima de la media, el diseño de algunos de sus mapeados y la reconstrucción de los mismos es, cuanto menos, aceptable. Igual ocurre con su banda sonora, que si bien no puede llegar a considerarse mínimamente memorable, sabe acompañar más bien que mal el desfile de disparos y mutilaciones que tiene lugar en nuestra pantalla.

Conclusión


RAID: World War II nos hace volver a la Segunda Guerra Mundial de muchas formas. Quizás de demasiadas. Partiendo de una base multijugador sólida y una premisa prometedora, lo último de Lion Game Lion no es capaz de sostenerse por su propio peso ni unos cuantos minutos, pues acaba cayendo en el tedio más absoluto a las pocas horas de su inicialización. Es probable que si os gustaron los anteriores trabajos de Overkill y estáis buscando algo similar para pasar un buen rato con vuestros amigos, este RAID se merezca un poco de vuestra atención. Pero si no es el caso, quizás deberíais de tener en cuenta que lo nuevo no siempre es mejor.

  • Jugar con colegas, como de costumbre, puede ser muy divertido
  • El diseño de ciertos escenarios es bastante vistoso

  • Apartado gráfico desastroso, a la par que la IA
  • Gunplay poco satisfactorio

 

5 Nota
Jugabilidad5
Multijugador6.5
Gráficos4
Música/Sonido5
Edición Española6
Redactor en Gaming eSports desde el 2014. Sueño mucho y duermo poco. Alérgico a la picadura de la viuda negra, estrella de los Zanarkand Abes, brujo y héroe de mil y un aventuras. Intento de informático, de batería y de desarrollador. YouTuber a tiempo parcial.